3/06/2018

Los fantasmas del Alcázar.


En la nochebuena de 1734 un incendio destruyó el Alcázar de Madrid, residencia oficial de los Reyes. Felipe V ordenó la construcción de otro palacio más suntuoso, ya que el Alcázar le parecía demasiado austero. Así se emprendieron las obras del actual Palacio Real, que estuvieron acompañadas de rumores sobre la existencia de fantasmas.

De acuerdo con las hablillas, el Alcázar estaba plagado de brujas y duendes,que no eran sino moros resucitados que se revolvían por la conquista cristiana de Madrid por Alfonso VI. Hablaban palabras inconexas en árabe -no hay que olvidar que en su origen habia sido una fortaleza musulmana, mandada erigir por Muhammad I- y, en cierta ocasión, empujaron al vacío a uno de los obreros..

Para poner fin a estos rumores, Felipe V ordenó que el edificio fuera exorcizado. La decoración escultórica de los reyes de España, que hoy decora la plaza de Oriente, estaba previsto que se asentara en la cornisa del recinto; pero Bárbara de Braganza, la esposa de Fernando VI, soñó que se le caían y se trasladaron a su emplazamiento actual.

Tras la conclusión de las obras, el 1 de diciembre de 1764 Carlos III fue el primer monarca que se alojó en él. Y, aunque el rey ilustrado no creía en supersticiones, no pudo evitar sentirse sugestionado por esos pensamientos sobrenaturales durante la primera noche.

Se gesta una revolución




Luis XV fracasó a consecuencia de los errores y vicios seculares, en un intento, ya tardío e ineficaz, de contener la disgregación del reino. Trató de llevar a cabo ciertas reformas en favor de los más pobres y desprotegidos ( los campesinos). Impuso una política de austeridad y pretendió distribuir, mediante adecuadas medidas fiscales, el costo del saneamiento del Estado; pero no pudo o no supo, sin embargo, contentar a nadie, atrayéndose la hostilidad general hacia él y hacia la Monarquía.

Cuando murió, en 1774, su nieto y sucesor de 20 años, Luis XVI, que era un buen hombre, carecía evidentemente de la inteligencia política y de la fuerza de voluntad precisas para corregir los defectos de las iniciativas del reinado anterior y saber aprovechar sus aspectos positivos, que tambien los tenía.Bajo su reinado, Francia se encaminaba ineluctablemente hacia la parálisis económica y el desastre sociopolítico que constituyeron el germen del movimiento revolucionario que, dominado por su esposa María Antonieta de Habsburgo, y rodeado de políticos y consejeros incapaces, egoístas e intrigantes, no logró evitar.




Los inicios de la Revolución Francesa, su desarrollo y consecuencias, por su extensión y complejidad, no podemos ni debemos resumirlos, ni siquiera sucintamente, aquí. El 21 de septiembre de 1792, la Convención decretaba el fin de la Monarquía y la proclamación de la República. Bajo la presión de los elementos más radicales, se inició un proceso contra el infeliz monarca (11 de Diciembre de 1792 al 1793), durante el cual éste se comportó con la más profunda dignidad, y pese a los argumentos favorables de algunos moderados, la Convención acabó declarándole culpable de conspirar contra la libertad de la nación y de atentar contra la libertad de la nación y de atentar contra la seguridad del Estado, siendo condenado a la pena capital -por 380 votos contra 310-, disponiendose que ésta fuera ejecutada el día siguiente ((21 de enero) en la Plaza de la Revolución (actualmente, plaza de la Concordia).